Archivo del 25 de Agosto de 2011
Según un reciente estudio del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) de Valladolid, el estado emocional y la salud visual de las personas están muy vinculadas. Aquellos pacientes que muestran trastornos visuales que reducen su capacidad visual presentan diversas dolencias de carácter psicológico, como depresión, ansiedad o déficit cognitivo. Todo ello genera “una sensación de inseguridad y un mayor aislamiento social”, asegura Begoña Cobo, investigadora del Área de Rehabilitación Visual de la institución.
Sin embargo, todavía hay lugar para la esperanza. Según Cobo, es posible identificar mediante exploraciones psicofísicas en pacientes con defectos en el campo visual central y en los que el entrenamiento puede mejorar significativamente su visión, frente a aquellos en los que probablemente fracasará. Este proceso evita los trastornos que puede generar la sensación de fracaso del tratamiento.
El programa de entrenamiento está exento de complicaciones y puede seguirse tanto en casa como en la consulta, facilitando su realización. Consiste en un proceso de lectura estandarizado y específico con textos de diferentes características. La salud visual de aquellos pacientes que sigan el perfil descrito por Cobo lo agradecerá.

