Archivo de Febrero de 2011
El síndrome de Charles Bonnet es una condición ocular raramente diagnosticada que afecta principalmente a ancianos. Consisten en alucinaciones visuales benignas; percepciones de un objeto externo sin que el mismo esté presente (a diferencia de las ilusiones, que suponen que un objeto real es malinterpretado).
Este síndrome aparece en el 10% de pacientes con algún tipo de discapacidad visual y psicológicamente normales. Las dificultades de visión padecidas por quienes se ven afectados por el síndrome de Charles Bonnet son variadas: glaucoma, degeneración macular, retinopatía diabética, lesión de córnea, cataratas… En consecuencia, su desarrollo, pronóstico y tratamiento son también variados.
Las alucinaciones aparecen por la disminución de estímulos visuales recibidos debido a la pérdida de visión. Las terminaciones nerviosas de la retina suelen mandar una corriente constante de impulsos a las zonas del cerebro de las cuales depende la visión. Si la retina se daña, el flujo de estímulos se reduce. Al recibir menos estímulos de los habituales, el cerebro construye sus propias imágenes artificiales.
El Colegio de Ópticos-Optometristas de Andalucía, Ceuta y Melilla (CNOOA) ha advertido de los peligros ocasionados por la falta de protección ocular adecuada en la práctica de deportes de nieve: la condición conocida como “ceguera de nieve”, intensificada ahora en plena temporada alta de esquí. Un día en la nieve puede causar más daño a los ojos que un día en la playa. Esto se debe a que la nieve refleja casi el 80% de los rayos solares, con más rayos ultravioleta dirigidos directamente hacia nuestros ojos. Según datos del CNOAA, esta incidencia afecta al 20% de los usuarios que practican esquí o snowboard.
La ceguera de nieve implica la inflamación de la parte interior de los párpados (oftalmia) y de la córnea (queratitis). Pese a su nombre, no implica pérdida de visión; aunque sí se asocia a síntomas como dolor de cabeza, conjuntivitis, ojos rojos, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño (arena) en los ojos y fotofobias anormales. Si la exposición a la luz solar es prolongada en el tiempo, puede llegar a causar cataratas, cáncer de piel en los párpados, e incrementar el riesgo de la degeneración macular.
Los oftalmólogos insisten en la necesidad de prevenir la aparición de esta condición de la visión utilizando gafas con la protección más adecuada, para lo cual recomiendan la consulta a ópticos-optometristas. El grado de protección suele venir indicado en la lente con un número entre 0 y 4: la práctica de deportes de nieve requiere un nivel de protección 3 o 4.
El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas ha alertado del aumento de casos del denominado “Síndrome de Fatiga Visual” y ha emitido un comunicado en el que se incluyen diez reglas básicas para cuidar la salud visual en relación con la proliferación de aparatos electrónicos como e-books, tabletas (iPad), ordenadores o terminales móviles.
Cerca del 75% de los usuarios de ordenador padece el citado síndrome, responsable de molestias oculares, trastornos visuales y otro tipo de síntomas (vértigo, dolor de cabeza, dolor de espalda, etc.). Es una alteración visual de carácter reversible y temporal, producida a causa de un esfuerzo excesivo del aparato visual, cada vez más vinculado al uso creciente de las nuevas tecnologías, que exigen la focalización y concentración de la mirada en distancias cortas.
En el comunicado alertan asimismo del impacto de este síndrome en la salud visual infantil. Ha disminuido la edad media de utilización de este tipo de dispositivos, aumentando al mismo tiempo el número de usuarios jóvenes afectados.
Gafas y lentillas no son los únicos instrumentos que ayudan a mejorar la visión. Para las personas con algún tipo de defecto ocular o pérdida de visión se han desarrollado toda una serie de ayudas técnicas que les facilitan, entre otras cosas, el uso de programas informáticos que no podrían utilizar de otra manera.
El desarrollo tanto de hardware como de software adaptado a las personas con algún tipo de dificultad visual facilita a los usuarios la independencia a la hora de utilizar la informática. Se trata de programas especiales o adaptaciones específicas de los programas que tradicionalmente incorporan los paquetes informáticos, utilizando los mismos sistemas operativos que estos. Este desarrollo lo podemos englobar dentro de la llamada tiflotecnología, o conjunto de técnicas que permiten el aprovechamiento de los conocimientos tecnológicos para superar las barreras impuestas por los problemas visuales.
Existe una gran variedad de programas con estas características. En primer lugar podemos hablar de la tele lupa, que aumenta el tamaño de la aplicación utilizada a través de una videocámara conectada a la pantalla. También existen lupas digitales instaladas en los ratones, que funcionan como un escáner, pudiendo magnificar la imagen que detecta hasta 25 veces. Los magnificadores de pantalla funcionan de manera idéntica: permiten ampliar los caracteres y configurar los colores a medida del usuario. Además, existen sistemas que permiten la entrada de información a través de un teclado braille, lógicamente para defectos visuales más severos.
El relativamente reciente desarrollo de unas gafas autoajustables, que permiten al usuario corregir su deficiencia óptica ajustando las dioptrías él mismo, es una noticia positiva para aquellos países en los que el acceso a las revisiones ópticas frecuentes es muy limitado.
Estas gafas funcionan a través de lentes deslizantes que permiten corregir de manera independiente la visión de ambos ojos. Estas lentes especiales, llenas de aceite de silicona, son resistentes al polvo y a la humedad, y son además protectoras frente a los rayos UVA. El usuario puede regular la cantidad de aceite de silicona contenida en las lentes, cambiando la curvatura de las mismas para corregir distintos defectos visuales. El tamaño de la montura ha sido calculado a través de mediciones promedio realizadas en niños y adultos.
Se ha realizado un nuevo estudio para probar la eficacia de estas nuevas gafas para los adolescentes respecto a los exámenes oftalmológicos tradicionales. Los investigadores han comparado la habilidad de auto-corrección de la visión de una muestra de estudiantes de entre 12 y 17 años con los resultados obtenidos en exámenes ópticos profesionales. Frente al 100% de precisión de los exámenes ópticos, el porcentaje de auto-corrección adecuada de estas gafas fue del 92%. Es un resultado positivo ya que, a falta de acceso a atención óptica, la gran mayoría de los usuarios consiguen corregir sus problemas de visión.
Se acaba de presentar un informe que recoge los principales defectos visuales que afectan a los conductores españoles, y que indica que uno de cada cuatro españoles presenta problemas visuales que afectan a la conducción y al estado del tráfico. El estudio, realizado por la Escuela Universitaria de Óptica y Optometría de la Universidad Politécnica de Cataluña, señala además que el 58,4% de los usuarios de gafas no tienen la graduación adecuada, representando un peligro para la circulación en carretera.
El estudio analizó varios aspectos de la visión fundamentales a la hora de sentarse en el volante del coche: la agudeza visual, la estereoagudeza o visión tridimensional, la sensibilidad al contraste de luces, el deslumbramiento, la percepción de colores y el campo visual binocular. Se considera una cuestión de importancia crucial, puesto que el 90% de la información que nos permite tomar decisiones al conducir nos llega a través de los ojos.
En la muestra investigada aparece un alto porcentaje de conductores con baja sensibilidad al contraste (62%), lo cual puede provocar que otros vehículos pasen inadvertidos: por ejemplo, un vehículo blanco sobre un fondo nevado, o un coche gris en carretera. Además, el 36% de los conductores de edad avanzada presentan dificultades en la discriminación cromática, no siendo capaces de interpretar correctamente los colores de los semáforos, especialmente de noche.






